jueves, 3 de octubre de 2019

La muerte es nuestra amiga

Nos acompaña desde que venimos al mundo.
Al principio, no nos damos cuenta de su presencia, es más, no tenemos conciencia de su existencia.
En la medida que vamos creciendo se nos acerca y, de vez en cuando, nos murmura algunas palabras al oído.
Quemando hormigas con una lupa o viendo inmóvil a un chanchito de tierra después de apretarlo, algo vamos comprendiendo.
Nos mira día a día, tomándonos cariño, a pesar que sabe que tiene una misión que cumplir.
De jóvenes la encaramos y somos groseros con ella, incluso muchas veces la desafiamos pero, en general, nos permite esos arrebatos de insolencia sólo observándonos, con la paciencia que da el tiempo sin fin.
Aunque en nuestras penas la llamemos, no nos presta atención, sabe que sufrimos pero entiende que debemos crecer, evolucionar a partir de él.
Nos escucha en silencio permitiendo que le hablemos de nuestras miserias, las más oscuras, sin juzgarnos, porque a todos nos acepta por igual. No discrimina.
De mayores no queremos hablar mucho con ella, la rehuimos sospechando que nos desea mal, perdiéndole confianza. Pero ahí está ella, firme en su determinación de ofrecernos la oportunidad de aprender.

Aprender a morir, que no es otra cosa que aprender a vivir.

lunes, 4 de marzo de 2019

En tus ojos me he visto





En tus ojos me he visto
una y mil veces
desnudo de caretas
con miserias y grandezas
nuestra humanidad compartimos
entre unas cuantas copas de vino
el amor se ha expandido
y el tiempo ha hecho lo suyo
crecieron nuestros tres capullos
rodeados de amor infinito
y ejemplo verdadero
de humanos pasajeros
dichosos de acompañarlos
en su viaje inicial
y aunque no lo veremos terminar
sabemos que será bueno
nos volveremos a encontrar
porque el universo es circular
y las almas están unidas
sin principio ni final.

jueves, 17 de enero de 2019

Soplo de azar


Se apagan estrellas todos los días en el universo,
somos un soplo, el aliento del azar que se regocija jugando con la vida y la muerte.
Nada se detiene, no tenemos otra cosa que hacer más que navegar,
cruzar el océano de nuestra vida intentando que valga la pena.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Es Tiempo del Ahora

El tiempo es una bala viajando a toda velocidad

que inevitablemente nos atravesará el corazón.

En su viaje hiere, desgarra, asesina, destruye,

purifica, renueva, enseña, valora.

Lo viejo da paso a lo nuevo.

La esperanza vuelve a nacer.

Un renacer en el ahora.

lunes, 14 de mayo de 2018

Refugio de mar


Refugio de mar

Te sueño los lunes para encontrarte los sábados.

Nos esperas con los brazos abiertos, sabes que te necesitamos porque sólo escuchas, atento hasta a nuestra respiración.

Nos acoges, cobijas, abres tus puertas para que podamos abrir nuestra alma, nuestro espíritu.

Contemplas nuestras risas y juegos, llenando tus muros de energía, la misma que nos devuelves cada ves que te visitamos.

Conoces nuestros secretos, los del cuerpo y también los del alma.

No juzgas, nos brindas el espacio para que nos miremos, a veces profundamente y otras sólo de soslayo, aprendiendo de nosotros.

Nos vas conociendo, nuestros ritmos, miedos y alegrías, adaptándote a nosotros, mostrándonos el camino que nos conducirá a donde sabes.

Somos privilegiados por tenerte, para ayudarnos a detener nuestro caminar abrumador y congelar el tiempo en lo pequeño, lo importante, el amor, el estar, aquí, ahora.

Refugio de mar.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Maldito Tiempo...

Algunas veces quisiera escapar.

Huir de mis errores para reiniciar mi vida sin ellos.

Soy uno con mis miserias, no puedo cambiar lo hecho.

Mi corazón se aprieta y mi garganta húmeda me indica que no puedo más.

La belleza puede ser destruida en sólo un segundo, e intentar repararla, resulta imposible.

Algo se pierde, algo valioso se marchita.

El aviso que la muerte acecha implacable, en cada esquina.

Mientras juego a estar vivo, mi corazón herido va muriendo lentamente, no dándome tiempo de sanar a quienes he dañado.

Maldito tiempo...


lunes, 25 de septiembre de 2017

Tío Alberto

Hay muchas personas que no saben lo que quieren y caminan con miedo por la vida, hay muchas otras que creen saberlo y sin embargo cuando lo alcanzan se sienten vacías y descubren que querían otra cosa, ellos viven en una permanente angustia, hay menos personas que saben lo que quieren, pero no hacen nada por alcanzarlo y son aquellos que andas tristes. Sólo hay unos pocos que saben lo que quieren y tienen el coraje de ir a por ello, éstos se reconocen a la distancia, tienen un porte especial, caminan de una manera distinta y se siente. Tú fuiste uno de esos pocos.

En ese caminar descubriste la necesidad en ti de abrir la puerta a los que te rodeaban. Comenzaste con tus pares, los cuales te siguieron con admiración, aunque no siempre totalmente de acuerdo, luego continuaste con la generación siguiente, tus hijos, sobrinos y sobrinos nietos.

“El que toma la pelota tiene que responder: menciona tres cualidades positivas de tu persona”.

Eso nos decías en uno de los talleres de comunicación que realizaste en tu casa, en los cuales te tirabas los pelos por hacernos entender el camino del hombre bueno, porque esa fue tu mirada, una mirada desde y hacia el hombre, una mirada profundamente humanista, en la cual el hombre bueno tenía que descubrirse a partir de la filosofía y las artes, a través del desafío de conocerse a si mismo, sus miedos, anhelos y frustraciones.

Pero tu propuesta de hombre bueno no era la de un santo, sino más bien la de un enamorado de la vida, amante de la música y la literatura, gozador de la buena mesa y el buen beber, así como apasionado por la conversación y una buena discusión.

Como olvidar aquellas profundas charlas en las cuales no dudabas en clavarnos un puñal a nuestro orgullo y nuestro ego y, así de heridos, partíamos a nuestras casas para ya de madrugada, descubrir un destello de comprensión surgir de nuestro interior y, con cierto temor nos atrevíamos a sacar aquel puñal. Al hacerlo descubríamos la herida que deja el aprendizaje, una herida profunda pero sana, necesaria, porque en el camino del hombre bueno necesitamos llenarnos de esas heridas que nos enseñan a descubrir lo verdaderamente importante, lo simple, lo que de sencillo se nos escapa dado que nos es difícil aceptar que el camino está a nuestro alcance. Es más fácil creer que no estamos preparados, que son otros los llamados a hacerlo y que tal vez algún día yo pueda.

Pero como ya mencioné que tu camino no era el de santidad, cómo no recordar aquellas idas a pescar, en donde sólo los fanáticos trataban de alcanzar la copa a la orilla del lago, mientras los que sabíamos aceptar nuestra derrota nos íbamos a jugar cacho o dominó disfrutando unas buenas copas y una grata conversa.

Ahora les tocaba a las nuevas generaciones, la de tus nietos, sobrinos nietos y sobrinos bisnietos, pero ya estabas cansado, te entiendo y ten la seguridad que ellos también lo harán.


Humildemente acepto el desafío de entrar por la puerta que dejaste abierta y caminar por el camino que nos mostraste, esperando algún día tener el privilegio de invitar a otros a hacerlo y que a su vez éstos inviten a otros y éstos a otros y otros….

Santiago, 25 de octubre de 2007