Nos acompaña desde que venimos al mundo.
Al principio, no nos damos cuenta de su presencia, es más, no tenemos conciencia de su existencia.
En la medida que vamos creciendo se nos acerca y, de vez en cuando, nos murmura algunas palabras al oído.
Quemando hormigas con una lupa o viendo inmóvil a un chanchito de tierra después de apretarlo, algo vamos comprendiendo.
Nos mira día a día, tomándonos cariño, a pesar que sabe que tiene una misión que cumplir.
De jóvenes la encaramos y somos groseros con ella, incluso muchas veces la desafiamos pero, en general, nos permite esos arrebatos de insolencia sólo observándonos, con la paciencia que da el tiempo sin fin.
Aunque en nuestras penas la llamemos, no nos presta atención, sabe que sufrimos pero entiende que debemos crecer, evolucionar a partir de él.
Nos escucha en silencio permitiendo que le hablemos de nuestras miserias, las más oscuras, sin juzgarnos, porque a todos nos acepta por igual. No discrimina.
De mayores no queremos hablar mucho con ella, la rehuimos sospechando que nos desea mal, perdiéndole confianza. Pero ahí está ella, firme en su determinación de ofrecernos la oportunidad de aprender.
Aprender a morir, que no es otra cosa que aprender a vivir.
jueves, 3 de octubre de 2019
lunes, 4 de marzo de 2019
En tus ojos me he visto
En tus ojos me he visto
una y mil veces
desnudo de caretas
con miserias y grandezas
nuestra humanidad compartimos
entre unas cuantas copas de vino
el amor se ha expandido
y el tiempo ha hecho lo suyo
crecieron nuestros tres capullos
rodeados de amor infinito
y ejemplo verdadero
de humanos pasajeros
dichosos de acompañarlos
en su viaje inicial
y aunque no lo veremos terminar
sabemos que será bueno
nos volveremos a encontrar
porque el universo es circular
y las almas están unidas
sin principio ni final.
jueves, 17 de enero de 2019
Soplo de azar
Se apagan estrellas todos los días en el universo,
somos un soplo, el aliento del azar que se regocija jugando con la vida y la muerte.
Nada se detiene, no tenemos otra cosa que hacer más que navegar,
cruzar el océano de nuestra vida intentando que valga la pena.
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