lunes, 25 de septiembre de 2017

Tío Alberto

Hay muchas personas que no saben lo que quieren y caminan con miedo por la vida, hay muchas otras que creen saberlo y sin embargo cuando lo alcanzan se sienten vacías y descubren que querían otra cosa, ellos viven en una permanente angustia, hay menos personas que saben lo que quieren, pero no hacen nada por alcanzarlo y son aquellos que andas tristes. Sólo hay unos pocos que saben lo que quieren y tienen el coraje de ir a por ello, éstos se reconocen a la distancia, tienen un porte especial, caminan de una manera distinta y se siente. Tú fuiste uno de esos pocos.

En ese caminar descubriste la necesidad en ti de abrir la puerta a los que te rodeaban. Comenzaste con tus pares, los cuales te siguieron con admiración, aunque no siempre totalmente de acuerdo, luego continuaste con la generación siguiente, tus hijos, sobrinos y sobrinos nietos.

“El que toma la pelota tiene que responder: menciona tres cualidades positivas de tu persona”.

Eso nos decías en uno de los talleres de comunicación que realizaste en tu casa, en los cuales te tirabas los pelos por hacernos entender el camino del hombre bueno, porque esa fue tu mirada, una mirada desde y hacia el hombre, una mirada profundamente humanista, en la cual el hombre bueno tenía que descubrirse a partir de la filosofía y las artes, a través del desafío de conocerse a si mismo, sus miedos, anhelos y frustraciones.

Pero tu propuesta de hombre bueno no era la de un santo, sino más bien la de un enamorado de la vida, amante de la música y la literatura, gozador de la buena mesa y el buen beber, así como apasionado por la conversación y una buena discusión.

Como olvidar aquellas profundas charlas en las cuales no dudabas en clavarnos un puñal a nuestro orgullo y nuestro ego y, así de heridos, partíamos a nuestras casas para ya de madrugada, descubrir un destello de comprensión surgir de nuestro interior y, con cierto temor nos atrevíamos a sacar aquel puñal. Al hacerlo descubríamos la herida que deja el aprendizaje, una herida profunda pero sana, necesaria, porque en el camino del hombre bueno necesitamos llenarnos de esas heridas que nos enseñan a descubrir lo verdaderamente importante, lo simple, lo que de sencillo se nos escapa dado que nos es difícil aceptar que el camino está a nuestro alcance. Es más fácil creer que no estamos preparados, que son otros los llamados a hacerlo y que tal vez algún día yo pueda.

Pero como ya mencioné que tu camino no era el de santidad, cómo no recordar aquellas idas a pescar, en donde sólo los fanáticos trataban de alcanzar la copa a la orilla del lago, mientras los que sabíamos aceptar nuestra derrota nos íbamos a jugar cacho o dominó disfrutando unas buenas copas y una grata conversa.

Ahora les tocaba a las nuevas generaciones, la de tus nietos, sobrinos nietos y sobrinos bisnietos, pero ya estabas cansado, te entiendo y ten la seguridad que ellos también lo harán.


Humildemente acepto el desafío de entrar por la puerta que dejaste abierta y caminar por el camino que nos mostraste, esperando algún día tener el privilegio de invitar a otros a hacerlo y que a su vez éstos inviten a otros y éstos a otros y otros….

Santiago, 25 de octubre de 2007

viernes, 1 de septiembre de 2017

Contando Historias

Álvaro me contó que arrendó un departamento en Magdalena Vicuña, al lado de nuestra ex-casa, en la cual crecimos.

Le contó a sus hijos que jugaba mucho en esa casa a la pelota!!.

Les contó que una vez fuimos a una kermés del Corazón de María y veníamos, tarde en la noche, de vuelta en la parte de atrás del auto de mi viejo (station wagon), nos acostamos mareados y él vomitó toda la cama.

Sus hijos se rieron con él...

Ha quedado huella en las nuevas generaciones...

Tal vez somos las historias que dejamos a nuestro paso, las grandes y también las pequeñas...

Y seguiremos existiendo mientras alguien las siga contando...

Hasta que sólo seamos un chispazo en la memoria de algún anciano futuro...

Allí será nuestra verdadera partida, cuando ya nadie nos recuerde...

Padre a hijo

Hijo mío...

No sabes cuanto desearía poder hacerme chiquitito, meterme en tu cabecita linda y susurrarte despacio, con amor, que todo está bien, que eres hermoso.

Que lo que sientes por los demás habla más de ti que del otro, que de todos puedes aprender, incluso de aquellos por los que sientes desprecio.

Que debes soltar, para crecer y desarrollarte en armonía debes soltar tus rabias y frustraciones.

Que si logras conectar con la sabiduría interior que tienes, verás que nadie quiere herirte, que cada cual intenta andar el camino cargando sus propios demonios y desafíos, que nadie es más o menos que nadie.

Y que por ello TODOS merecen nuestro respeto y amor. Finalmente todos compartimos nuestra humanidad, somos hermanos de inicio y final, somos un suspiro, una pequeña partícula en un universo infinito.

Te amo infinitamente, deseo lo mejor para ti. Tienes todo lo necesario para ser una persona de bien, brillar y cooperar para que otros brillen junto a ti.

Sólo debes soltar...