Algunas veces quisiera escapar.
Huir de mis errores para reiniciar mi vida sin ellos.
Soy uno con mis miserias, no puedo cambiar lo hecho.
Mi corazón se aprieta y mi garganta húmeda me indica que no puedo más.
La belleza puede ser destruida en sólo un segundo, e intentar repararla, resulta imposible.
Algo se pierde, algo valioso se marchita.
El aviso que la muerte acecha implacable, en cada esquina.
Mientras juego a estar vivo, mi corazón herido va muriendo lentamente, no dándome tiempo de sanar a quienes he dañado.
Maldito tiempo...